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En medio del seminario, un padre preguntó con impaciencia: "¿Podemos empezar a hablar de disciplina ahora? ¿Cuándo le doy una palmada a mi hijo?". Ese padre de familia expresó los sentimientos que tienen muchos hombres: la disciplina es castigo. Qué equivocado es ese concepto. El castigo es sólo un aspecto de la disciplina, y muy pequeño además. Les expliqué a los padres del seminario que todo aquello de lo que habíamos estado hablando formaba parte de la disciplina. La disciplina es básicamente una actitud en un niño y una atmósfera en el hogar, que hace menos necesario el castigo.
Cuando el castigo es necesario, se lo administra muy correctamente. Las bases de la disciplina la echan en los primeros meses de la vida de un bebé dos importantes relaciones: Conocer al hijo y ayudar al niño a sentirse bien. Es más probable que un niño que se siente bien actúe bien y sea más fácil de disciplinar. Si le dedica mucho tiempo al bebé en los primeros meses, conoce a su bebé, sabe cómo actúa y cuáles son sus preferencias y capacidades, y tiene una apreciación de la personalidad del pequeño y el conocimiento de su conducta normal. Si entiende muy temprano la conducta normal de su hijo, empieza a tener una idea mejor de lo que se convierte en conducta anormal cuando el bebé se suelta a caminar.
Al pasar mucho tiempo con un bebé durante el primer año, usted comienza a tener expectativas realistas sobre la conducta infantil normal. Comúnmente, los bebés tiran de los cables eléctricos, dejan caer muchas cosas, se meten donde no deben y desparraman innúmeros objetos por toda la casa. Al estar mucho tiempo i ¡ con su bebé, usted se convierte en un agudo observador del niño. Porque lo conoce, usted será luego más eficiente al imponerle disciplina. |