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Los jovencitos tal vez piensen: "¿Por qué nos tienen que arrastrar en sus desagradables peleas?". Por otro lado, desean ser incluidos en conversaciones y decisiones. "Nadie nos preguntó a nosotros si queríamos que mamá se fuera".
Cuando la maestra pidió que escribiesen una composición acerca del suceso más memorable de las vacaciones, un niño de doce años escribió sobre el día en que sus padres le dijeron que se iban a divorciar. Cada uno se sentó a un lado de él y le tomó una mano. Habló su padre: "Hijo, queremos que seas el primero en saber que mami y yo nos vamos a separar. Esto tal vez te enoje, pero es importante que recuerdes que los dos te amamos y siempre lo haremos". El niño escribió que los ojos del padre estaban llenos de lágrimas y que la madre estaba llorando abiertamente. "Los dos te amamos", repitió ella. El relato del niño continuaba diciendo que sus padres tranquilamente le aclararon que su padre se iría de casa y que su madre se quedaría con él. Ambos aún estaban tomando sus manos.
"Entonces las solté", finalizaba la composición. "¿Que otra cosa podía hacer?"
La maestra se conmovió con la intensa historia y ciertamente yo nunca había escuchado una descripción tan vivida del angustioso conflicto de lealtades, de la perplejidad por falta de confianza y de la soledad que el niño víctima de divorcio puede experimentar. Esa composición lo decía todo. Los padres probablemente sintieron que habían manejado bien el problema al contarle a su querido único hijos lo que sucedía, de una manera inteligente y cuidadosa. No existe una forma fácil de dar esa noticia. No hay una manera correcta. |
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Las relaciones familiares en el divorcio
Gran parte dependerá de las relaciones familiares anteriores a la separación. Si los padres pueden comunicarse con sus hijos y esto no apunta sólo a las familias bien educadas, que pueden expresarse con propiedad (a menudo ocurre lo contrario) entonces, cuando se presente la conversación más difícil que tengan que afrontar, podrán hacerle frente; basta con que estén allí y se ocupen. Idealmente, cuando surgen los problemas maritales, es preferible dejar que sus hijos no sean testigos permanentes de las peleas. Sin embargo, cuando comienzan los desacuerdos graves, incluso los niños más pequeños percibirán que algo anda mal ("Mamá ya no besa a papá cuando viene del trabajo").
Cuando son muy pequeños, reaccionan como las mascotas cuando te estás preparando para las vacaciones: se ponen inquietos, gimotean, te siguen a todos lados y acaban por exasperarte y malhumorarte; luego se vuelven aún más caprichosos hasta que toda la familia estalla. Los niños mayores perciben rápidamente la atmósfera y se rebelan, quedándose hasta tarde a la noche, negándose a hacer la tarea, quejándose en lugar de ayudar con los quehaceres domésticos. Está muy bien que los terapeutas aconsejen una conducta atemperada, calma y sosegada. No es fácil cuando tu matrimonio se está fragmentando día a día. Pero si los padres, durante todo este tiempo de depresión, pueden recordar que sus hijos realmente están sufriendo, procurarán aliviar las angustias de los hijos ayudándoles a estabilizar sus propias emociones. |