Un problema que sólo era de los adultos, ahora ya pertenece a los más chicos desde la nutricion infantil.
Hipertensión y colesterol alto se ven cada vez más a menudo en los consultorios de los pediatras. Sepa qué puede hacer para que sus hijos no estén expuestos a dos de las más terribles dolencias.
El señor González se ha hecho un chequeo de rutina. A su médico, mientras revisa los resultados, algunos de los datos le llaman bastante la atención. El señor González tiene la presión un poco alta: 15. Y sus valores de grasa en sangre tampoco son los ideales: tiene 240 de colesterol total. El médico piensa que, irremediablemente, algo habrá que hacer con la salud del señor González para que esos dos datos no le den un dolor de cabeza el día de mañana. Esta crónica de sucesos parece normal. Suena normal. Y sería así de no ser por la edad del señor González. ¿Tiene 45 años? ¿Tiene 66 años? No, Nicolás González tiene 8 años y está sentado en el consultorio del pediatra junto a su mamá, enfrentando un diagnóstico que, hasta no hace mucho, estaba reservado exclusivamente a los adultos. |
El mal de la vida moderna
Si usted es un adulto, más de una vez habrá tenido que lidiar con las cifras de hipertensión o colesterol alto. No necesariamente porque sea usted el afectado. Tal vez lo ha escuchado comentar en una reunión familiar respecto del abuelo, la tía Silvia o el tío Carlos.
Pero, ¿escuchar que los chicos tienen presión alta o exceso de colesterol? ¿Dónde se ha visto? Por desgracia, esos datos son hoy más frecuentes de lo que parece. Hasta hace diez años, la cifra de chicos afectados por estas enfermedades era de un 25 por ciento. Iniciando el siglo XXI, ya supera el 30 por ciento. El fenómeno no es un problema de clases sociales, sino que atraviesa en forma vertical todas las capas de nuestra sociedad. Los chicos más pobres tienen presión alta porque viven estresados en un hogar donde el dinero generalmente no alcanza y las dificultades de sus padres los traspasan como si fueran de papel.
Los chicos de clases más altas, viven acosados por una realidad insegura, las exigencias del colegio y la cada vez más creciente demanda de que sean más preparados, informados e inteligentes. Ambas puntas -pobres y ricos- tienen alto el colesterol por una pésima nutricion infantil. Los de menos recursos hacen comidas altas en hidratos de carbono -fideos o pan, porque son más baratos- excluyendo lácteos descremados de su alimentación e incorporando carnes muy grasas, muchísimas veces a la semana. Los chicos menos preocupados por su situación económica, viven en hogares con padres híperocupados, que salen del paso con salchichas o hamburguesas, cuando no concurren directamente a los locales de comida chatarra. Los datos no mienten. Por cada chico desnutrido en un país como la Argentina, hay casi cien que son obesos. En los últimos diez años, la cantidad de chicos con problemas de obesidad se ha incrementado casi un 80 por ciento.Y la tendencia va en aumento en tanto no se haga algo para minimizar los problemas de alimentación o para evitar el sedentarismo
¿Se puede hacer algo?
Sí, pero se debe empezar ya. Los especialistas consideran que de 170 a 199 es el límite de colesterol que se admite en personas sanas. Sobre los 200 ya se diagnostica como un factor de riesgo. Hasta hace no mucho, veinte años más o menos, los límites de colesterol alto estaban más arriba. Se consideraba que una persona estaba en riesgo cardiovascular cuando tenía sus valores por encima de 250. Con nuevas investigaciones que prueban que no es necesario tener índices
tan altos para estar en riesgo, los valores se modificaron para abajo. Eso hizo que miles de niños, que estaban con sus valores de colesterol al borde de los 200 -fundamentalmente por su nutricion infantil deficiente- pasaran a ser considerados dentro de los grupos de riesgo.
Controlar el nivel de colesterol de los niños menores de diez años no suele formar parte de la lista de exámenes cotidianos que se consideran importantes. Es más, cuando los padres llevan a sus hijos al médico por cualquier razón, hay decenas de profesionales que no consideran necesario medir el dosaje de colesterol en sangre. Esto es un error. Esa prueba debería realizarse, según los expertos consultados por Salud Vital, a partir de los dos años, sobre todo si el chico proviene de una familia con antecedentes cardiovasculares o que tiene padres o abuelos con altos índices de colesterol. |